Un Simple Juego

Llueve. Por la ventana rota entra el olor a tierra mojada. No está tan frío como ayer, pero mis dedos, además de sucios, están congelados. Las hojas y el barro quedaron bien, casi ni se nota que fueron acomodados a propósito. De aquí a que lo descubran ya no me importará. Nunca le he temido a las consecuencias, creo que está en mi naturaleza. Me bastará con encontrar otro a quien destrozar.

Recostado, somnoliento, revivo los momentos previos, la emoción de lo oculto, el jadeo que no cansa, y los excitantes crujidos al aplastarlo… No dijo ninguna palabra. Aunque de haber podido, tampoco lo habría dejado.

El olor a fruta y sonidos de pasos me lo indican. Llegó esa niña. Debo ir a moverle la cola y ladrar un poco. Cuando se distraiga, pienso robarle otro juguete.

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