Nexo

Tan brillante, tan pequeña e invariablemente pasajera, nace desde dentro tuyo y con el dolor de un nacimiento cobra vida y sale de ti, resbalando por tu mejilla en dirección a tu vibrante mentón.

La mía, desde abajo y con medida lentitud, sube en una contorsión hasta la ribera de tu boca, saliendo al encuentro de aquella muestra viviente de la sensibilidad que tan femenina me hacía verte.

Aunque odio el contraste entre la naturalidad de tu gesto y la precisión calculada del mío, por un breve instante son la pareja perfecta: tu lágrima y mi mano encontrándose, ajenos al caos del mundo aquí afuera.

Si supieran cuánto las envidio.

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