El Rebaño

El látigo restallaba sobre las espaldas sudorosas, el vaho acumulado volvía insanos sus pulmones, largas lanzas les punzaban la piel. Pero no conformes con esto, se pisaban, se gruñían, empujaban, escupían y mordían entre ellos, confundiéndose, aturdiéndose y olvidando que con un poco de voluntad, puede viajarse relajadamente en el metro en hora punta.

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